El amante chiquitito

Vale, ordenador, yo te quiero. Eres grande, te puedo dejar encendido a todas horas, no te descargas nunca y tienes un enorme disco duro al que puedo aferrarme. Estás ahí para lo bueno y para lo malo. Y aunque no tienes Wi-Fi, lo compensas con todos los buenos ratos que hemos pasado juntos, o el recuerdo de esas enormes partidas al Caballeros de la Antigua República. Pero ahora me preguntas qué llevo en la mochila.
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