Detesto la televisión, especialmente lo que media entre el primer y el sexto canal. Odio que me impongan los contenidos, que se entrometan en mis horarios, que decidan por mí qué debo ver y cuándo. No soporto esperar, no quiero perder un tiempo que considero valiosísimo, abobino de la prescripción de los programadores e, incluso cuando aciertan, prefiero disfrutar del contenido a mi manera. Puedo adorar Muchachada Nui, pero me gusta tomármelo en pildoritas del Youtube o las tardes de domingo aburridas en Ojo. ¿Lo malo de todo esto? Soy una minoría. ¿Lo bueno? Cada vez menos.


