A veces soy muy crítico con Nokia. Probablemente porque es una compañía de la que siempre he esperado grandes cosas y que últimamente me decepcionaba por mantener estrategias que iban en contra de mis creencias más profundas sobre el lugar al que se dirige el mercado de la movilidad. Pues bien, hoy es un día para levantarse y aplaudir, porque de un solo giro de muñeca ha multiplicado el atractivo no sólo de sus futuros teléfonos, sino también de buena parte de los que tiene en el mercado.
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