Hoy en día los videojuegos huelen a centro comercial, a tienda especializada, a palomitas, a azafata de congresos y a dinero. Mucho dinero. Pero para aquellos de nosotros que aprendimos a jugar con una Atari de madera y un Spectrum de 16k con teclas de goma, los videojuegos tienen un olor distinto.
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