Convergencia está nerviosa. Entre bambalinas, abre ligeramente el telón y se asusta al ver a los cientos de miles de personas que esperan para verla actuar. Todavía quedan algunos minutos antes de que le toque salir al escenario, así que intenta relajarse y piensa en cómo ha llegado hasta aquí.

No es su primera vez a las puertas de la fama. Un lustro ha, estuvo a punto de debutar en el mismo teatro. Pero la obra era muy diferente. ‘Fijo y móvil’, se llamaba. La prensa puso por las nubes el texto y la gran productora, Telefónica, tenía el mejor teatro para la representación, tras absorber la filial de móviles. Todo el mundo creía que Convergencia haría un gran papel.
Pensaban que, en un primer acto, uniría las facturas de los clientes de fijo y móvil en una sóla. Al terminar la obra, los espectadores podrían disfrutar de un móvil que, al entrar en casa, se conectase a la red WiFi, haciendo que la llamada abaratase su coste o, en caso de que ambos interlocutores hablasen a través de Internet, la hiciesen gratuita. Aplausos, reverencias, telón.
Eugenio Galdón, ex presidente de Ono, fue de los que más apostaron. con un producto innovador, Ono Io, que compaginaba una tecnología interesante con muchas malas ideas. “Tarifas excesivas y escasez de móviles compatibles”, dijo la crítica durante los ensayos. No llegó a representarse.
La vida del actor de las telecomunicaciones es dura, y Convergencia se vio apartada del candelero con la elegancia de las grandes divas envejecidas. Se mudó al barrio de las tecnologías obsoletas, en Sunset Boulevard, y se quedó esperando a la muerte con dignidad, mientras Smartphone florecía en su lugar.
Pero, a veces, sólo a veces, en lugar de un joven guionista al que seducir con lujo y decadencia, llega a tu mansión un Tarantino que te devuelve al escenario y te rescata de las sombras. Sólo con su interés, tu ajado cutis se torna más terso, tus pechos alicaidos recuperan su forma. Cierto es que Apple sembró, sí, las semillas de este renacimiento. El estreno del iPhone y el terremoto que le siguió fueron esenciales. El móvil pasó de ser un chisme para hablar a convertirse en una consola, en un mando a distancia, en un todo.
Pero no ha sido la manzana la que ha rescatado a nuestra Eva al Desnudo. Ha sido Samsung. La coreana ha querido dar varios pasos más allá. En lugar de limitarse a lanzar secuelas baratas y versiones descafeinadas de las películas de Steve Jobs, ha querido marcar diferencias y superar en su terreno a la productora de Cupertino rescatando a nuestra protagonista del olvido y devolviéndole al centro de la escena.
Así que, ante la expectación del respetable, Convergencia sale a escena. Al principio titubea, hace tiempo ya sobre las tablas de madera. Pero, poco a poco, las cosas empiezan a ser como una vez las soñó. El móvil le quita los contenidos al PC para retransmitirlos en la tele. La tuya y la de tu vecino. La televisión le roba ideas a la Wii, a Kinect y al último Android de Google. Permite a la familia hacer ejercicio en comandita, acepta órdenes por voz y gestos e, incluso, reconoce la cara de los usuarios. Introduce aplicaciones, como el iPhone, y anima a los desarrolladores a que se inventen cosas. Las lavadoras y los frigoríficos se unen a la fiesta sobre la escena. Desde el móvil, comienza el programa de prelavado.
Lo mejor de todo es que Convergencia sabe que sólo es el principio. Puede ver la emoción en los ojos del público. Tardarán en acostumbrarse, pero ¡oh, cómo lo disfrutarán! Y aunque siempre agradecerá a Samsung que le sacase de la casa del atardecer, y a Apple que pusiese en marcha de nuevo la moviola, su futuro es más brillante que nunca. Volverá a estar a las órdenes de todos los directores.
Sony querrá que interprete un papel similar, y ella se sentirá atraida por los videojuegos de la PS3. Microsoft, que de vez en cuando la llamaba, pondrá a sus órdenes a su joven talento más prometedor, Windows Phone. Las tabletas y los ultrabooks se rendirán a sus pies. Y quizá, sólo quizá, las operadoras recuperarán aquella hermosa obra que todos quisimos ver y que se quedó atrapada en la rayuela de la historia.
Convergencia sonríe, todos aplauden.
Mucha mierda.








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