El día antes del CES es una locura a la que han decidido llamar “día de la prensa”. El problema es que los medios tenemos el papel de meros comparsas en grandes presentaciones para las que hay que hacer largas colas que ni siquiera son garantía de poder acceder al recinto. De hecho, entré en la rueda de Samsung sólo por la determinación inquebrantable de la PR española, que se peleó para no dejarnos fuera. Al final, ante la perspectiva de elegir entre ver la presentación de Microsoft en directo y hacerlo a través de la página de Facebook del coloso estadounidense del software, me decanté claramente por la segunda opción. Esto es un síntoma de algo, desde luego.

El caso es que, después de la jornada, parece claro que la mejor batería de anuncios ha sido la del coloso coreano. Samsung demostró que ha puesto el foco en unos televisores conectados que parecen, cada vez más, teléfonos inteligentes, con cámara frontal y nuevas aplicaciones incorporadas. Los nuevos productos, con pantallas cada vez mejores, podrán controlarse con la voz o con tus gestos. Y, lo que es mejor, la compañía se ha comprometido a actualizar los dispositivos periodicamente para evitar que, como ha sucedido hasta ahora, comprar un televisor sea garantía de quedar como un lelo al poco tiempo.
Samsung vende la friolera de dos televisores por segundo en todo el mundo y sabe perfectamente que se trata de un dispositivo con muchas posibilidades para el futuro del hogar digital ya que, en sus propias palabras, es el único gadget doméstico que permite reunir a toda la familia y evitar el feroz individualismo que caracteriza al resto de aparatos.
Como la coreana introdujo hace algún tiempo una mayor comunicación entre sus grandes divisiones de electrónica, ahora el resultado es un mestizaje constante. Frigoríficos y lavadoras con aplicaciones, televisor con webcam para hacer videoconferencia, cámaras de fotos que se sincronizan directamente con tu PC y que publican las imágenes en Facebook. En una mesa redonda posterior a la conferencia, Won Park, vicepresidente del equipo de Ventas y Márketing de la división de IT, reconoció que la compañía está en una fase en la que presenta al consumidor todo tipo de novedades que cree que pueden satisfacerle. Las que triunfen se quedarán, las que fracasen se desecharán.
A lo largo de la jornada tuve un arduo debate sobre el particular con mi compañero de El Mundo Ángel Jiménez. Él cree que Samsung lanza todo tipo de cosas a diestro y siniestro, frente a la visión diamantina de Apple, cuya estrategia está mucho más definida. Ángel afirma que, incluso cuando Apple se equivoca, lo hace sostenida por sus firmes creencias, mientras que Samsung dispara a todo lo que se mueve. No estoy en desacuerdo con su tesis, pero creo que son dos formas de innovar igualmente válidas. Es cierto que Apple gana en coherencia, pero el mestizaje desenfrenado de esta Samsung me parece mucho más divertido. Errarán, sin duda, pero su propuesta basada en el ensayo y error me parece acertada cuando, además, va acompañada de esa nueva estrategia de “a prueba de futuro”, que permite hacer que los nuevos televisores vayan evolucionando y afinando el tiro según los consumidores y los desarrolladores de aplicaciones decidan qué quieren que sea el televisor.
En la mesa redonda de la que hablaba, Samsung no hacía más que señalar su intención de responder a las demandas de los consumidores, mientras que Apple se ha preciado en decirle a sus clientes qué tienen que necesitar. Son dos estrategias contrapuestas pero igual de válidas. Negar como hacen algunos todo mérito a la competencia de la compañía de la manzana no sólo es absurdo, sino también peligroso para una industria mucho más amplia.
La estrategia de Samsung pasa por ofrecer contenidos y servicios en distintas plataformas conectadas. Y, junto a Sony, creo que es la compañía del mundo que más posibilidades tiene de completar un ecosistema cerrado. Quizá le faltan los videojuegos, pero a cambio tiene el liderazgo en televisores y teléfonos inteligentes, así como mucha más presencia en dispositivos de línea blanca. Es fácil tener un hogar totalmente rendido a los productos de la coreana y confiarle la evolución de tu hogar digital.
Adios, Microsoft
Me gustaría también decir algo bueno sobre el canto del cisne de Steve Ballmer en CES, pero soy incapaz. La compañía demostró con su presentación por qué no volverá el año que viene. Apenas datos nuevos, un montón de insistencia en hechos más que conocidos y nada que aportar. Me hubiese dolido hacer la cola de dos horas para ver esto.
El resto de fabricantes no se salieron demasiado de lo previsto. LG anunció un nuevo teléfono, Spectrum, para el mercado estadounidense y algunas novedades en televisores; Panasonic propuso algo tan raro como la creación de un canal, MySpace TV, con un socio abocado al descalabro y con Justin Timberlake como testigo de excepción. Intel siguió con su cruzada del Ultrabook y lo hizo con un amplio respaldo (Samsung anunció su Serie 5 y HP confirmó su Envy Spectre). Además, la compañía de chips enseñó prototipos con lo que se avecina en este segmento: pantallas táctiles, controles por voz, la nueva plataforma Ivy Bridge, NFC y Windows 8. Sony puso en el escenario a Will Smith y Kelly Clarkson y anunció cositas para Google TV y la resurrección de los míticos Walkman, ahora con sistema operativo Android. Nokia confirmó todas las previsiones con el Lumia 900.
Probablemente me deje algo, pero creo que he resumido lo más importante que nos dejó la jornada. Así que toca descansar un poco. En unas horas empieza la feria propiamente dicha. Si tenéis curiosidad por alguna tecnología en concreto o queréis que eche un ojo a algún expositor que pueda resultar interesante, no dudéis en decírmelo en Twitter. Soy @uriondo.








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