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V de Dumping

2 Comentarios 29 junio 2010

Mientras veía la primera temporada de la rediviva serie V, de Kenneth Johnson, me sorprendió la postura del ficticio secretario general de Naciones Unidas frente a los Visitantes liderados por Anna. El máximo responsable de la ONU abogaba por imponer políticas proteccionistas frente a los regalos tecnológicos de los extraterrestres para defender el empleo y la actividad de las empresas en la Tierra. Recomendaba precaución respecto a la energía azul de los aliens o sus modernas técnicas de curación.

Anna

Aunque a nosotros, seguidores de la Resistencia, puedan parecernos obvios dichos reparos, lo cierto es que no dejo de hacerme ciertas preguntas. Si viviésemos en el mundo de V ¿haríamos mal en comportarnos como terrícolas chauvinistas y enemigos del libre mercado intergaláctico? ¿actuaríamos como los gobernantes europeos, que bloquean la consolidación de empresas del sector de la energía o de las telecomunicaciones basándose en su supuesto interés estratégico? ¿defenderían liberales acérrimos como Carlos Rodríguez Braun una apertura total e intergaláctica del capital?

La clave de la cuestión me la dio, como pasa a menudo, Miguel Ors Villarejo, que no eludió el debate pese a lo bizarro del mismo y me dejó en bandeja un par de buenos motivos por los que los políticos harían bien en desconfiar de los pérfidos y reptilianos Visitantes, incluso aunque no conociesen más de sus intenciones que las serenas diatribas de su líder, proyectadas desde la pantalla LED más grande del mundo, y su “Somos gente de paz. Siempre

Por un lado, está el concepto de transparencia en la formación de precios. Si no sabemos cómo generan los extraterrestres la energía, y cuál es el cálculo de costes, es imposible determinar si los Visitantes están, efectivamente, regalándonos la energía, o si sólo están vendiéndola por debajo del coste para desestabilizar la industria humana y generar un monopolio artificial. Un mecanismo de dumping clásico por el cual los extraterrestres estarían vendiéndonos los productos a un precio (gratis) muy inferior del que pueden tener en sus mercados domésticos.

Si no conocemos los costes de generación y transporte, ¿cómo sabemos que los lagartos no tienen déficit de tarifa en su planeta/terrario? La Organización Mundial de Comercio (OMC), que no prohíbe el dumping, sí lo condena, ya que provoca daños materiales a las industrias domésticas de los países importadores. Aquí, lo lógico sería fiarse de la expresión popularizada por Milton Friedman: “No hay tal cosa como un almuerzo gratis”.

La segunda defensa del proteccionismo se sustenta sobre el clásico argumento de la seguridad nacional o la defensa nacional, una imperfección del mercado que obliga a la intervención sobre ciertas industrias para asegurarse de que la producción doméstica no cesa en caso de guerra. El profesor asociado de la Universidad de Washington Steven Suranovic considera en su manual International Trade Theory and Policy que la mejor opción para incrementar la producción de un bien necesario para la seguridad nacional es el subsidio a la producción, seguida de los aranceles a la importación. En lo que respecta a las exportaciones, Suranovic defiende, asimismo, la prohibición de exportar bienes que puedan resultar perjudiciales para el interés público. De esta forma, parece que rechazar los “regalos” de Anna o gravarlos, para evitar que destruyan las economías locales ante la posibilidad de una guerra, tiene lógica también desde la ortodoxia liberal.

Confianza

¿Pero hasta qué punto es importante la confianza en una negociación de estas características? Esta pregunta me ha llevado a un papel interesante, A Multi-agent Model of Deceit and Trust in Intercultural Trade, escrito por expertos de varias universidades holandesas. En él, nos recuerdan que tanto la recurrencia del fraude como los mecanismos e instituciones destinados a acabar con él son algo que depende enormemente de las diferencias culturales. “La cultura tiene efectos sobre la honestidad en el comercio y sobre la confianza como mecanismo para compensar los inevitables agujeros de los contratos”, subrayan en el informe. Teniendo en cuenta que no tenemos datos sobre la recurrencia al engaño en la política comercial extraterrestre ¿deben los gobiernos del mundo confiar en los Visitantes sin contar más que con su palabra de que sus intenciones son buenas?

Por fin, una causa común para los keynesianos más acérrimos y los liberales más radicales. Desde Krugman hasta Prescott, la Resistencia podría alimentarse tanto de militantes antiglobalización como de fans de la Escuela de Chicago. Todos encontrarían razones suficientes para ser proteccionistas y, llegado el caso, también para coger su fusil y salir a la calle a matar lagartos.

John May Lives!

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2 Comentarios hasta ahora

  1. Ira dice:

    Un post condenadamente bueno. Pensé exactamente lo mismo cuando vi ese capitulo. (bueno, sin las referencias guays)

    Responder

    uriondo Reply:

    Gracias. Al menos le puse cariño…

    Responder


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