Vivir en Asturias tiene que ser genial. No por seguir al Sporting en su campo, no por tener cerca el mar. No por el paraíso natural, las exquisitas comidas, las fiestas populares, las rutas del Doctor Mateo o la bonhomía local. No. Tiene que ser genial por la posibilidad de contar con los servicios de Telecable.

Una amiga me pregunta a menudo sobre el por qué de mis críticas a Ono, compañía de la que soy cliente desde hace muchos años. “¿No te ofrece buen servicio? ¿No estás contento con tus 50 megas? ¿Vas a ponerte tonto sólo porque no te ofrezcan un PVR o te escatimen algún que otro canal?” Mi respuesta es siempre la misma: “Si no es que quiera cambiarme. Sólo ocurre que, de una compañía como Ono, espero mucho más”. Siempre he pensado que el principal rival que tiene Telefónica en España debería ser más desafiante, más original, más ágil. Más todo. Llevan tanto tiempo con reorganizaciones, fusiones, EREs, cambios en la dirección y otras mandangas, que han dejado abandonado el foco en la innovación.
Pues bien, la semana pasada recibí una nota de prensa de Telecable que ha sido ampliamente ignorada por la mayor parte de la prensa nacional: sus usuarios de Triple Play podrán tener Canal+ por sólo 9 euros al mes. Y eso por parte de una de las compañías que más baratos vende los partidos del PPV, con uno de los mejores servicios de atención al cliente y con grandes tarifas de GolTV.
Si tuviese Telecable, podría ver la final de la NBA cómodamente sentado en mi sofá. Podría ver el Mundial en un canal distinto a Tele5, con todo lo que eso implica. Podría ver partidos de Wimbledon. Tendría una oferta cinematográfica de lo más decente. Todo aquello que nunca he querido tener por satélite y que, pese a ser de mi interés, jamás me haría incorporarme a la plataforma completa de Digital+, demasiado cara y que me obliga a meter en casa otra tecnología distinta. Tengo envidia. Mucha envidia.
Telecable es una empresa con un gran enfoque en la TV. Frente a compañías como Jazztel, que la consideran una parte más de su oferta, la asturiana cree firmemente en la TV como el motor de su negocio. Conociendo a Sogecable, dudo que los clientes de Telecable vayan a pagar mucho más por esta suscripción que el precio de coste mayorista. Pero la capacidad de fidelización de la propuesta es asombrosa y ha sido muy bien recibida. Con esta solución, los astures tendrán una de las mejores ofertas de Triple Play del mercado. Al menos la que a mí me gustaría tener en casa.
Pero eso no es todo. Desde Telecable me aseguran que en breve tendrán dos nuevos y potentes canales en abierto, y que a partir de fin de año darán la vuelta a su tecnología para introducir avances como la alta definición y set top boxes dotados de PVR con timeshift. Otra de mis constantes reclamaciones a Ono. Además, su red de fibra le permitirá dar, sin demasiada dificultad, anchos de banda superiores a los que ha venido ofertando hasta ahora, de 10/20/30 mbps. Apuesto a una oferta del tipo 20/30/50 o ¡quién sabe! Incluso 20/50/100 mbps.
“Hemos sido los primeros con la oferta de Canal+ porque hemos insistido mucho. No sé si esta oferta se replicará en otras plataformas, pero en parte dependerá de la experiencia que tengan con nosotros”, explicaron fuentes de la cablera. En todo caso, hay que reconocer que Asturias es la gaseosa para los experimentos de Sogecable. Y es que la fuerte penetración de la televisión por cable lo ha convertido en un territorio complicado para el satélite, y probablemente se trata de la comunidad autónoma en la que Digital+ tiene menos cuota de mercado. Algo que tienen en común con el Imagenio de Telefónica, otro candidato ideal para incorporar Canal+ en su oferta de servicios.
Móvil
Otro aspecto interesante de la actualidad de Telecable es el ansia con el que busca ahora que el inminente reparto de espectro radioeléctrico por parte del Ministerio de Industria le sea favorable.
Rendidos en parte al hecho de que la parte más baja de las frecuencias se la quedarán las grandes operadoras, sus responsables se aferran ahora a la posibilidad de obtener espectro en la banda de 2600, la destinada a servicios LTE, la cuarta generación de la telefonía móvil. Pero, para ello, pedirá además garantía de que podrá comprar, en el esperado mercado secundario del espectro, alguna frecuencia en la banda de 2100. Un hueco que las grandes operadoras tienen disponible y que probablemente quede aún más despejado con la entrada en las bandas más bajas.
“No tiene sentido realizar el despliegue de antenas sólo para el LTE, necesitamos también ofrecer voz móvil”, explican sus responsables, que preferirían tener acceso al petróleo del espectro y no conformarse con comprarle la gasolina de la reventa mayorista a Vodafone, la compañía que actualmente le revende la que actualmente prestan sus servicios móviles.



