Enric González no escribe hoy su columna en El País. En cambio su espacio de libertad lo ocupa Juan Cruz, un señor muy venerable cuyas columnas recopilo en el caso de que, durante mi vejez, me asalte el galopante insomnio. La noticia me ha llegado por sorpresa, cuando mi compañero Rubén ha entrado en la redacción con los ojos llenos de urgencia. “¿Se acabó el leer El País desde la última página?”, nos preguntamos.
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