Siempre se animaba al pensar en que pronto llegaría el gran día. En su cubil secreto, alumbrado únicamente por elegantes velas, manufacturadas con hueso, piel y grasa capilar de aquellos que en el pasado osaron desafiarle en el seno de su organización, Teddy Bautista se mesó sus ralos cabellos con un gesto engolado. A continuación, se ajustó la corbata y mandó llamar a Ramoncín utilizando su intercomunicador maligno. El había pedido expresamente un intercomunicador Motorola, pero le habían traído un intercomunicador maligno. Al menos llevaba grabadas filigranas de calaveras y algo que parecía una obscena serpiente.
Lee más…


