Todavía no había comentado por aquí el proyecto gubernamental de hacer que las compañías de telecomunicaciones financien la televisión pública en este país. Y no lo he hecho porque cada vez que reflexiono sobre esta cuestión me dan enormes ataques de acidez estomacal y lo paso realmente mal. Disculpadme, pero antes de seguir escribiendo necesito un vaso de leche y un Almax.
Pues eso, que nuestro Gobierno ha decidido que la mejor forma de eliminar la publicidad en la televisión estatal consiste en hacer que las telecos aporten anualmente el 0,9% de sus ingresos, unos 300 millones de euros, para co-financiar la cosa. El resto del dinero provendría del Gobierno, de las TV privadas (que saldrán muy beneficiadas por la medida, no lo olvidemos), y de las tasas de uso del espectro radioeléctrico.
Mi problema con esta medida es radical. No entiendo por qué RTVE es una televisión pública y por qué llevo toda mi vida financiándola como contribuyente. Si alguien me preguntase, borraría del mapa el grueso del ente público y sólo dejaría en antena La 2, cuyos costes totales son nimios. Y esto último sólo por mantener en antena Muchachada Nui y Pocoyó.

Tal como lo oyen. Provocaría el despido de cientos de personas, incluidos muchos compañeros, terminaría con una parte esencial de la televisión en nuestro país, dejaría la parrilla en manos de las privadas, abandonaría cualquier pretensión de supuesta calidad subvencionada. Y sin pensármelo ni por un momento. A la basura sin más. Y lo mejor de todo es que tengo todo el derecho a opinar de esta manera. La programación de otras cadenas me puede parecer igual de nefanda, pero no se financia con el dinero de mis impuestos. Puede que no me guste el programa de Ana Rosa, pero nadie me quitará de la cabeza la de capas que yo le he pagado a Ramón García.
Por eso cuando me dicen que, además de como contribuyente, voy a tener que financiar ese eterno agujero también en mi condición de usuario intensivo de las telecomunicaciones, me dan los siete males y entiendo perfectamente los intentos de la industria por alzar la voz ante el abuso.
Los madrileños lo sabemos mejor que nadie. Bien que nos quejamos por el nuevo impuesto de basuras, cuando el IBI ya recogía la anterior tasa de recogida. Al final, vamos a pagar dos veces por lo mismo, por nuestra cara bonita y por la voracidad recaudatoria de la SGAE, perdón, del Ayuntamiento de Madrid. (Disculpad, no soy capaz de escribir “voracidad recaudatoria” sin pensar en los paladines de los derechos de autor en España)
Pues eso mismo es lo que están haciendo constantemente nuestros gobernantes nacionales, autonómicos y municipales a una de las pocas industrias que aún funciona en el país de los 4 millones de parados.
Y si os parece mal pagar dos veces por la recogida de vuestros resíduos, imaginaos que tuvieseis que pagar por la basura cuatro veces y además os obligasen, no sólo a sacar la del vecino, sino también a dársela de comer a vuestros hijos.
Es como si los mejores amigos de la industria de las telecomunicaciones fuesen una pandilla de infames gorrones que, día tras día, noche tras noche, les exigieran no sólo que les pagasen las copas, sino que también le obligasen a no beber para que, tras una larga noche de farra, esté en condiciones de llevarles a todos en coche a sus respectivos hogares para después ponerles el pijama, darles un beso de buenas noches y lo que surja.
Ahora en serio, mirad durante diez minutos esta parrilla y decidme qué nos perderíamos si RTVE desapareciese. ¿Doña Bárbara? ¿Victoria? Que nadie se confunda, que esto no es la BBC. No es como un esfuerzo coordinado para salvar al lince ibérico. Es más una forma de mantener en vuelo al buitre carroñero.
Y de esos, en España, nos sobran…








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uriondo Reply:
mayo 8, 2009 at 22:59
@marcos, Llevo toda mi vida ansiando esperanzado ese momento maravilloso y me he hartado de esperar. Para colmo estoy muy caliente con el tema, pues un trabajador de RTVE me ha estado explicando algunas de las prácticas históricas de la compañía y mi enfado ha ido aumentando paulativamente según progresaba el ritmo de las anécdotas y del dispendio.
Que nadie se confunda. Creo en la televisión pública con todo mi corazón, pero he dejado de creer en la capacidad de los españoles para hacer televisión pública, que es muy distinto.
Pero dicho todo esto, me parece terrible que las operadoras de telecomunicaciones paguen por este pato en concreto. Detraer recursos de las muy necesarias inversiones en nuevas redes es una mala idea.
Y puede que todavía facturen mucho, pero este año va a ser malo para todos y ellas también lo van a sufrir. No puedes penalizar a una industria por hacer las cosas bien, tener muchos clientes y ganar dinero, mientras con la otra mano subvencionas a quienes han sido incapaces de hacer las cosas con un mínimo de inteligencia, honestidad y sentido común.
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