@Fermina, sólo Dios sabe cuánto te quise. Twitteó el doctor Juvenal Urbino antes de salir en persecución de un loro fugitivo.
El amor es universal, y no entiende de canales de comunicación. Los sentimientos que describen los folletines por entregas, las novelas, los seriales radiofónicos o los culebrones televisivos son muy similares. La correspondencia personal más encendida y literaria no se aleja en demasía de los SMS que intercambian los jóvenes, más allá de la enorme brecha cultural. Las bitácoras personales más intimas no tienen demasiado que envidiar a esos diarios acerrojados que nuestras abuelas, aún niñas, protegían bajo el colchón. El amor es el mismo, aunque el cólera haya dado lugar a otras enfermedades.
La agencia Associated Press publicaba hace no mucho un interesante artículo sobre la fatiga en las redes sociales y cómo existe un porcentaje de usuarios que, pese a estar muy familiarizado con ellas, ha renunciado a utilizarlas con asiduidad. Lo más interesante era el siguiente comentario: “Estar expuesto a detalles como la dolorosa ruptura de un amigo o lo que ha desayunado, y detalles mucho más sórdidos que esos, parecía casi voyerismo”, afirmaba uno de estos individuos “asfixiados” por tanta interactuación social en Internet.
Esto me hizo pensar en varios casos en los que la vida privada de mis amigos se me ha aparecido mágicamente en Facebook, dejándome atónito y boquiabierto. Hace bien poco, descubrí los detalles más escabrosos de un doloroso divorcio a través de un chat en esta red social. Lo que me hizo pensar en todas las situaciones en las que el amor puede meterse en tu habitat internauta, con diversos resultados.
- Los malentendidos. Una amiga se cansó, después de un tiempo en Facebook, de que debajo de su nombre lo primero que apareciera resaltado fuese su condición de soltera. Pepita Perez, soltera. Era un recordatorio constante de una condición que ella no consideraba como la más significativa de su vida. Decidió entonces eliminar la mención.
En ese momento, todos sus contactos recibieron la siguiente advertencia: “Pepita Perez is not longer single”. Decenas de mensajes saturaron su correo. “¿Te has echado novio?” “¿Tienes algo que contarme?” “¿Y quién es él?¿En qué lugar se enamoró de ti?”. El remedio demostró ser peor que la enfermedad, al menos por una temporada.
Parecido fue el caso de una amiga que no entendía bien el concepto de “relación abierta” y fue invitada a mantener tríos, cuartetos y quintetos sucesivos, hasta que llegó a la sabia conclusión de que su relación no es abierta por mucho que su novio sea tolerante con otros modos de vida y la deje salir por ahí con sus amigas a tomar unas cervezas sin enfermar de celos.
- Jungla de bits: La venganza. ¿Quién no ha vivido nunca el caso de una ruptura en la que una de las partes tiene todos los motivos del mundo para entrar en cólera con los actos de su pareja? ¿Cuán sencillo resultaría a un individuo despechado comenzar una campaña de bombing contra el objeto de sus amores.
En la serie de TV estadounidense Cómo Conocí a vuestra Madre, había un ejemplo claro de esto. El mujeriego oficial de la serie, Barney Stinson, pasa una noche de lujuria olvidable con una joven y se escaquea a la mañana siguiente con la mejor excusa jamás creada por un caradura. Una nota impagable en la que explica que es un fantasma y que sólo regresa una vez cada diez años entre los vivos para poder recordar lo que era el amor.
La resentida joven dedica entonces su vida a arruinar la reputación de su amante y pone en marcha una página web en la que advierte de las malas artes empleadas por el artero seductor. Lamentablemente, aquella noche Barney había usurpado la identidad de su amigo Ted Mosby. El resultado, la web ‘Ted Mosby es un capullo.com‘. que los guionistas no dudaron en colgar en la red para alegría de los seguidores del programa.
Hoy en día, la muchacha no pararía ahí, y pondría en marcha una página de Facebook bajo la misma denominación, que probablemente acabaría teniendo miles de fans. Eso por no hablar de un usuario de Twitter, del tipo @tedmosbyisajerk

- Las fotos. Probablemente esto sea fácil de controlar a largo plazo, pero el daño inicial puede ser terrible. Hace años, cuando trabajaba en el turno de noche de la agencia Europa Press, mi amigo Emilio me enseñaba una web, probablemente extinta, en la que novios y novias despechados colgaban las fotos de sus ex parejas en pelota picada. Una venganza sencilla y que en Facebook o Flickr puede ser letal.
- Los celos. Un certero comentario a este post nos ha recordado el apasionante mundo de los celos. Ayer, todas las integrantes de un grupo de amigas confirmaron no sólo que en alguna ocasión habían revisado los SMS del móvil de sus parejas en alguna ocasión, sino que siguen pensando que, ante una sospecha legítima, está totalmente justificado. Twitter y las actualizaciones de estatus de Facebook funcionan de una manera idéntica. Que levante la mano aquel que no tenga más o menos controlados a los principales comentaristas de sus respectiv@s.
- La mofeta. @Casandra80, muchacha a la que mi señora y yo seguimos con devoción y asombro a través de Twitter, ha criticado duramente el acoso que recibe, de forma sistemática, a través de la red. A veces me la imagino como la gata Penélope de los dibujos animados de la Warner, perseguida por una mofeta digital, un Pepé Le Pew. La verdad es que nunca me he sentido demasiado acosado, pero me consta que algunas amigas han pasado por situaciones desagradables.
- Tuenti. Yo soy tirando a viejuno, pero los jóvenes del lugar están todos en Tuenti, una red social en la que no quiero entrar, mitad por vergüenza ajena, mitad porque no soporto las faltas de ortografía. Si Facebook puede ser peligroso, Tuenti DEBE ser un putiferio de lo peorcito.
- Los pelmas. Más molestos que los agravios o las vendettas pueden ser los lloricas. Si Florentino Ariza hubiera escrito un blog lleno de mariposas y hadas, explicando paso por paso su educación sentimental y la desventura de su amor con Fermina Daza, dudo mucho que nos hubiese llegado a caer bien. De hecho, creo que le habríamos llegado a odiar bastante. La contención sentimental es algo que no comulga bien con el exhibicionismo 2.0, y a veces se echa en falta.
Esos son algunos de los casos que se me ocurren así, a bote pronto, pero estoy seguro de que la casuística es mucho mayor y que todos vosotros tenéis anécdotas jugosas. Os invito a utilizar los comentarios para mostrarnos otros casos terribles en los que el Facebook, Twitter, o Internet en general pueden resultar mucho más dañinos que el cólera.
P.S. Acepto que el titular es un poco manido, pero poco imaginaba que Soitu.es pudiese idear uno exactamente igual hace ya dos años. Además, vía @luislanz descubro un vídeo muy divertido titulado “El desamor en los tiempos de Facebook“. Cosas que pasan.








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uriondo Reply:
abril 17, 2009 at 11:01
@Lúa, Mujer, para hablar de las cosas bonitas y chulas del amor y las redes sociales ya existe gente más positiva y simpática que mi menda. ¡Pero tocaba hablar de lo chungo!
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