Una oportunidad perdida

El pasado sábado falleció José María del Cano, subdirector de Actualidad Económica. Y lo cierto es que poco puedo decir sobre él, dado que el comienzo de mi andadura en esta revista, hace ya algunos meses, coincidió con su marcha. Sin embargo, os animo a leer los obituarios que firman hoy en Expansión Manuel del Pozo y Jesús Martínez de Rioja. O el emotivo comentario que deja Vicente Lozano en su blog.

Cuando me ofrecieron trabajar en la Económica pedí consejo a algunos compañeros que trabajaban por aquí y les pregunté por el ambiente en la redacción. Todos coincidieron en destacar el gran compañerismo, el buen rollo y la existencia de un personaje, Chema del Cano, que era inflexible a la hora de corregir las informaciones y se aseguraba siempre de que todo saliese siempre del mejor modo posible, por más que eso supusiera un esfuerzo extra por parte del redactor.

Otros quizá se habrían sentido amedrentados ante esa figura mítica. Ante ese Chema que, como un hombre del saco de los periodistas jóvenes, era capaz de descubrir cualquier defecto o inexactitud en tus informaciones. Ante ese Chema que exigía datos difíciles de conseguir pero necesarios para contextualizar correctamente cada reportaje.

Yo, sin embargo, me encontraba necesitado de un Chema. En los últimos tiempos de La Gaceta me había encontrado en una situación desagradable para cualquier periodista de treinta años: tenía magníficos compañeros pero pocos maestros. Antonio Lorenzo se había ido ya al Economista y Fran Ruiz Antón, mi jefe de Empresas, tenía demasiados frentes de los que ocuparse.

Además, la conflictividad laboral se había desatado y era difícil centrar la cabeza en el trabajo y olvidar el entorno de precariedad que nos rodeaba.

Así que, cuanto más leo sobre José María del Cano, más pienso en que he perdido una oportunidad única de aprender cosas nuevas sobre esta profesión.

Nuestro director, Miguel Ángel Belloso, nos ha arengado hoy para pedirnos que, de este trance, salgamos más chemistas que nunca y recordemos unos consejos que nunca recibí y unas enseñanzas que nunca me impartió. Para ser, en suma, mejores periodistas.

Lo dicho, una gran pérdida para todos los que le conocieron y apreciaron, pero también para quienes no tuvimos ocasión de hacerlo.

Descanse en paz.

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Sin comentarios. Un gallifante al primer valiente!


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