Aunque las cifras económicas de Apple han protagonizado la jornada, no puedo dejar de pensar en el aspecto más pragmático de sus cifras: en un plazo récord, la compañía que dirige Steve Jobs ha conseguido convertirse, al menos entre julio y septiembre, en el tercer fabricante mundial de móviles, por encima de gigantes como Sony-Ericsson y LG, que luchan a brazo partido por esa tercera plaza, y dejando muy atrás a Motorola, que se esfuerza para recuperar brillos pasados.
Jobs, que normalmente no quiere asumir protagonismo en las presentaciones de resultados, confirmó que los ingresos de 4.600 millones de dólares en iPhones en su cuarto trimestre fiscal le sitúan en la tercera posición, por debajo de los 12.700 millones de Nokia y los 5.900 millones de Samsung. Esto sitúa a Apple por delante de Sony Ericsson, con 4.200 millones; LG, con 3.400 millones; Motorola, con 3.200 millones y RIM, con 2.100 millones.
Se felicitó Jobs, especialmente, por la ventaja con respecto a RIM. “Es una compañía que fabrica buenos productos, y es sorprendente después de 15 meses en el mercado que podamos vender más que ellos en cualquier trimestre. Si eso no es sorprendente, no sé qué lo es. Y todo se debe a los increibles resultados del iPhone 3G”, subrayó. Y es que el teléfono de Apple vendió siete millones de unidades en su cuarto trimestre, frente al millón de dispositivos que logró vender la primera generación del iPhone en el mismo trimestre de 2007.
A eso hay que sumar el buen resultado de los iPod, de los que Apple logró colocar 11 millones de unidades.
En todo caso, y pese al optimismo desatado, no podemos olvidar que los meses en cuestión fueron los del lanzamiento global del terminal. Además, Apple sólo juega a una carta, por exitosa que ésta pueda ser, por lo que habrá que ver si esto es una tendencia sostenida o flor de un trimestre.




